El caballero, la muerte y el diablo

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COMENTARIO DE OBRA

1º. Catalogación: “El caballero, la muerte y el diablo”, (en alemán, Ritter, Tod und Teufel),  Alberto Durero 1513. El museo del Louvre guarda un ejemplar. Gótico tardío alemán con influencias del renacimiento. Flamenco, tenebrista, sombrío y apocalíptico.

Alberto Durero nació en 1471 y murió en 1528. Vivió en la ciudad de Nüremberg: en las nieblas góticas de la Alemania central. Esto se percibe en el carácter sombrío, escéptico y, en ocasiones, apocalíptico, de sus grabados.  Sin embargo, de esta oscuridad nórdica se apodera una claridad y una precisión inesperadas. La razón de este milagro artístico está en las visitas que Durero hizo a Italia, donde aprendió a trabajar con la luz y la perspectiva.

Desde 1510 Durero se dedicó más al grabado que a la pintura y produjo estas obras maestras, en las que la perfección técnica y plástica se convierte en vehículo de un pensamiento que se traduce en alegorías. Como otros grabados del artista, esta imagen se caracteriza por una multiplicidad de símbolos iconográficos.

2º. Descripción. Grabado sobre metal (cobre) a buril en formato apaisado de 25×19 cm.

 3º. Análisis formal: organización de la obra; en primer lugar la figura central correspondiente al caballero perfectamente equipado montado sobre su caballo, ambas figuras se representan de perfil para dar una idea de movimiento que se ve potenciada por la posición de las patas del caballo. El caballero sujeta una lanza que divide la obra en diagonal en dos partes, una superior izquierda donde se ubica la muerte representada de frente por una figura barbuda con cabellos de serpiente y que con aspecto de cadáver en descomposición monta sobre un caballo decrépito mientras sostiene un reloj de arena en su mano. En la otra parte, la inferior derecha, aparece la figura del diablo representado también en posición frontal, por un macho cabrío de un sólo cuerno que sujeta una lanza. Bajo el caballo aparecen cuatro figuras, correspondientes a un perro que corre junto al mismo, un lagarto que parece huir de la escena en dirección contraria, una calavera sobre un tronco y una placa con la fecha de ejecución del grabado, así como las iniciales del autor. Al fondo de la escena aparece un castillo a través de un paisaje pétreo y vegetal representado con gran lujo de detalle.

La forma de los elementos es figurativa con una muy trabajada representación tanto de la anatomía del caballo como del caballero, muy influenciada por la tendencia del Renacimiento italiano.

Las diferentes figuras y su disposición dentro de la composición de la obra cargan de significado a la misma más allá de la iconografía existente.

 4º. Interpretación: Tan sólo nos han llegado seis grabados, tres normales sobre la Virgen y tres grabados excepcionales, como son el Caballero, la Muerte y el Diablo, San Jerónimo en su celda y Melancolía I. En los tres la ejecución es meticulosa al extremo y la iconografía está sobrecargada de significados. Estos grabados no constituyen un conjunto en el sentido estricto, pero comparten una unidad espiritual y simbólica, que lleva a ilustrar los tres modos de vida desde el punto de vista de la escolástica: vivir según la virtud moral, según la virtud teologal o según la virtud intelectual. El Caballero… ejemplifica la virtud moral. Este grabado ilustra la vida del cristiano en el mundo práctico de la decisión y la acción. En la imagen se estrena un nuevo monograma del artista, similar al anterior pero precedido de una “S”, que significa “Salus”. Parece que Durero realizó este grabado condicionado por sus sentimientos de indignación y aflicción ante los rumores que se habían extendido sobre el supuesto asesinato de Lutero. En un escrito contra los papistas (partidarios del Vaticano), interpela a otro de sus admirados, Erasmo de Rotterdam, a quien llama “caballero de Cristo acechado por la injusta tiranía del poder temporal y del poderío de las sombras”. La alusión se refiere a un libro del propio Erasmo, titulado “Enchiridion militis Christianis”, es decir, Manual del Caballero Cristiano, publicado en 1504. Esta es la comparación que Durero usa en su estampa: el caballero cristiano opuesto a un mundo hostil, un soldado preparado para la batalla, imagen que se remonta a las cartas de San Pablo a las primeras comunidades cristianas. Erasmo interpretó los textos, mantenidos durante la Edad Media, desde el punto de vista del humanismo que trataba de recuperar el platonismo de la filosofía griega, en su tiempo que era el Renacimiento.

El grabado se inspira en un texto de Erasmo de Rotterdam: “Para que no te dejes apartar del camino de la virtud porque te parezca abrupto y temible, porque tal vez hayas de renunciar a las comodidades del mundo, y porque constantemente has de combatir contra tres enemigos en lucha desigual, que son la carne, el demonio y el mundo, te será propuesta esta tercera norma: todos esos espectros y fantasmas que se abaten sobre ti (…) has de tenerlos en nada”. Búsqueda de la salvación por medio del conocimiento.

En su imagen, el caballero es viril, lúcido, sereno y fuerte, más que los peligros y las tentaciones que le acechan. El camino de la virtud parece arduo y lúgubre, por lo que la dignidad del caballero exige que para vencer las tentaciones, ignore sus manifestaciones. Así, en el grabado de Durero los adversarios del caballero no parecen reales. Es necesario combatirlos, pero son tan sólo “espectros y fantasmas” que han de ser ignorados. El caballero pasa a su lado sin verlos, calmadamente, los ojos fijos y sin desfallecer. El rostro del caballero es una máscara firme y enérgica. Revestido por completo de una armadura, monta un caballo que Durero saca de los estudios de Leonardo para el monumento a Francisco Sforza, aunque adaptado a un canon de su invención. En cualquier caso es un caballo monumental. La pareja destaca contra un fondo de rocas y árboles desnudos. Muy a lo lejos, sobre un paisaje escarpado, se ve un castillo, que es la meta del caballero: la virtud inexpugnable. De entre las sombras surgen la Muerte a caballo y un horrible Diablo. La Muerte repite la idea de la Muerte coronada a caballo que Durero dibujó en 1505. Pero en este grabado, la Muerte es aún más horrenda, es un cadáver en descomposición, sin mejillas, nariz ni labios y el cuello rodeado de serpientes. La aparición se acerca al caballero y trata de espantarlo mostrándole su reloj. Entre tanto, el Diablo sonríe en una macabra mueca por detrás del caballo, blandiendo su pica. Al caballero le acompaña un hermoso perro de caza de pelo largo. Es el símbolo que completa la alegoría, emblema de las tres virtudes subordinadas a la fe que representa el caballero. Estas tres virtudes, menores pero igualmente necesarias, son el celo infatigable, la sabiduría y la justicia en el razonamiento. Durero ha realizado una imagen perfecta del soldado de Cristo, con un aspecto monumental, equilibrado, lleno de la armonía del clasicismo, en mitad de un bosque frondoso, oscuro, fantástico, lleno de espectros en un ambiente gótico.

La influencia formal para la figura del caballero y montura, del fresco funerario de Giovanni Acuto, realizado por Paolo Uccello, es evidente, al igual que la escultura ecuestre de bronce de Condottiero Gattamelata realizada por Donatello, del renacimiento Italiano; pero con simbologías propias aportadas por elementos complementarios por cada artista. El caballo, su símbolo y su anatomía influenciará el arte futuro.

Leonardo Sciascia (1921-1989), escribió poco antes de morir su “obra maestra”, El caballero y la muerte (Barcelona: Tusquets, 1989). Esta novela es una interpretación alegórica del grabado de Durero. Sciascia transforma el grabado de Durero en un relato policíaco ambientado en el turbio ambiente de la política italiana. El detective, enfermo de cáncer terminal, investiga el extraño asesinato de un abogado relacionado con las altas esferas del poder. Igual que el protagonista del grabado cabalga con la mirada fija y testaruda hacia su objetivo, la verdad. Tal es la firmeza de su voluntad que ni siquiera la muerte es capaz de seguir su paso. El caballero no se dirige al castillo porque la política es lo opuesto a la verdad. El castillo simboliza las instituciones políticas, el Sistema, el Poder. El Caballero también sabe que la lucha está perdida desde el principio. Busca la salvación por el conocimiento. Esa es la esencia del orgullo en su mirada.

Jean Cau, escribe una novela sobre el mismo tema; Eduardo Chicharro con Ory (Sernesi se retira), postismo (1945) escribe Los jeroglíficos del caballo; Poemas de Gastan Baquero, José Joaquin Gamboa; y multitud de esculturas en catedrales que representan el mensaje original de este grabado, y además de las múltiples representaciones ecuestres realizadas en pintura hasta la actualidad; Carlos I, de Van Dyck en el Prado y muy parecido al existente en el British Museum.

JDQ2011

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