E. H. GOMBRICH

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LA PSICOLOGÍA Y EL ENIGMA DEL ESTILO

El “enigma del estilo” es preguntarse: “¿Qué hace posible que exista tanta variabilidad para representar la realidad, cambiando según épocas y lugares?”, ¿Cada uno de nosotros percibimos la realidad de manera tan diferente?”.La historia del arte ha demostrado que el arte no es sólo la expresión de una visión personal.

 Se rompe la creencia de que el valor artístico de una obra está en su semejanza fotográfica con la realidad representada, la realidad figurativa. Se establece el primer punto de discordancia entre la estética y la representación aparente por semejanza y comparación de dos realidades, la real y la representada. Los avances técnicos permiten una representación fiel y exacta de la realidad menospreciando y poniendo en duda las técnicas conseguidas para la representación de la realidad hasta la fecha obtenidos por los artistas. Sin embargo, la capacidad de asombro es una meta fundamental ante la representación artística por medio de las artes plásticas. Quizás en este punto aparecen las premisas de un arte que va más allá de lo puramente representado. En el arte conceptual, lo que importa es la idea, la esencia del objeto a representar; el valor conceptual, por ejemplo, de una silla, lo que representa la idea en una silla, la idea subyacente en nuestra mente de la idea de silla.

 “…Duchamp vio en el escaparate el recipiente de cristal, que estaba lleno de suero fisiológico. Entró, compró el recipiente, pidió al farmacéutico que lo vaciase, lo levantó un poco sobre su cabeza para “llenarlo” de aire, y rogó al farmacéutico que sellase el frasco y pusiera una etiqueta con la inscripción que da título a la obra: 50 cc. de aire de París.”. Esta obra ejemplifica lo antisual, un intento de captar y aprisionar lo más efímero e inmóvil; representación de la desmaterialización en el arte.

Desde siempre el artista ha aprendido observando la naturaleza, fue  su fuente de conocimiento; otorgando y reconociendo la aportación de estos artistas antiguos en el camino de la representación. El “mirar la naturaleza” es lo que hoy en día llamamos psicología de la percepción. Posteriormente, en el siglo XVII, además de la habilidad del artista, estaba patente la diferente forma de ver el mundo que tiene cada persona. El desarrollo de la ciencia en el siglo XIX contribuyó al debate sobre la visión. El movimiento impresionista también aportó distintas claves sobre la percepción. Quedaba por saber si la psicología de la percepción resolvería los problemas del artista.

El debate entre lo que vemos y lo que inferimos a través de la inteligencia es muy antiguo. Por una parte las argumentaciones psicológicas de los impresionistas proclamaban representar el mundo tal y como lo veían. Por otra parte, se apoyaba al arte tradicional basado en el conocimiento intelectual.  Así, se acaba con la idea de la imitación de la naturaleza. 

 André Malraux en su Psicología del arte acabó con la idea de que los estilos del pasado reflejan únicamente como los artistas veían el mundo. El arte nace del arte, no de la naturaleza.

Además de tener en cuenta la oposición entre “ver” y “saber”, una representación está basada en convenciones, se hace necesario analizar desde el punto de vista psicológico, qué está detrás de la creación de imágenes. El historiador del estilo y el psicólogo deben trabajar siendo conscientes de sus aportaciones mutuas. De esta manera, se hace fundamental el  analizar la formación de imágenes y cómo los artistas descubrieron los secretos de la visión por el método de “hacer y comparar”.

 “¿Qué es una puerta? ¿Una superficie plana que gira, y una cerradura que en conjunto constituyen una frontera dura y terrorífica? Cuando uno pasa a través de una puerta como esta, ¿no se siente dividido?. Cortado en dos partes, ¡ tal vez no nos demos cuenta de esto !. Simplemente, pensémoslo: un rectángulo. ¡Qué pobreza espeluznante!, ¿acaso es esa la realidad de una puerta?”.

En el desarrollo del intento de representación artística y la estética de lo visual y lo conceptual, la contextualización de este desarrollo en el campo de las ideas es, a mi entender, fundamental. El salto transcendente al campo de la desmaterialización de la obra de arte formará y sentará las bases del arte hasta nuestros días. Esto, está íntimamente está unido al esfuerzo artístico de dotar a la obra de arte de una respuesta, entre lo que visualmente observamos por la representación figurativa de cierto artista, y la representación abstracta de un objeto o idea. Dando al espectador la capacidad innata e intrínseca de la formación artística de esa representación en su capacidad de percepción.

 EL ANÁLISIS DE LA VISIÓN EN EL ARTE

¿Por qué se tardó tanto tiempo llegar a una representación plausible de los efectos visuales del parecido?. El artista, dentro de cada estilo, conoce un vocabulario de formas. Su conocimiento y manejo es necesario en su producción artística.

 Teniendo en cuenta todo el espacio temporal necesitado, todas las representaciones han ido avanzando desde lo esquemático y/o conceptual hasta el impresionismo. El pintor, sabiendo la forma real de lo que quería representar, la modificaba, incluso arriesgándose a no ser claro, para hacer algo comparable a la apariencia de un momento concreto.

Los impresionistas son el descubrimiento de las apariencias. Debemos olvidar el conocimiento que tenemos del mundo visible, pues ahí está el problema del arte. Olvidándolo podríamos solucionar el problema de la pintura, traducir un mundo tridimensional a un soporte plano, bidimensional. 

 El Renacimiento, a través de la perspectiva, pone la primera piedra en los avances teóricos del ilusionismo pictórico. No habría que olvidar lo que sabemos del mundo, para solucionar el problema del arte ilusionista, sino inventar comparaciones eficaces.

 Para reconocer el mundo visible como arte, debemos recordar nuestras experiencias de otras obras vistas anteriormente. Es innegable del peso e importancia de la tradición en el modo de representar y aprender para el artista. La historia del arte así lo demuestra. La experimentación hace que el artista pueda salir del corsé del estilo y de un paso más allá. El ensayar y probar efectos diferentes y nuevos en la pintura posibilita el avanzar. El ensayar sigue estando después del hacer.

 La importancia del innovador. Para innovar es necesario algo más que un “ojo inocente” que abandone la tradición. De hecho tiene que ensayar  críticamente sobre las diversas interpretaciones realizadas. El trabajo de los impresionistas en este sentido es claro. Ellos nos enseñaron, no a ver la naturaleza con un “ojo inocente”, sino a buscar otra alternativa que expresaba mejor las experiencias que las obras tradicionales.

 “El mundo del arte está al revés. “Damien Hirst escribe nuevas reglas para el mercado del arte”; “Para hacer arte al nivel que yo quiero, tengo que contratar otras personas”, “Prada tampoco hace sus propias prendas, ni Frank Gehry construye él sus propios edificios, y nadie los descalifica”. Hace poco aparecía publicidad de Hirst incluso en los diarios gratuitos de Londre que se reparten en el metro, no exactamente el medio preferido de las Bellas Artes. “No sé lo que es el arte. Pero si cuelga de una pared de Sotheby´s, por definición es arte”, declaró Hirst. Parece un juego para Damien. El quiere comprobar si saldrá impune de homicidio, al igual que hiciera entonces Duchamp con su urinario”.

 A colación del texto de Gombrich, este extracto que demuestra el extremo de comercialización de ese arte, que llega a ser arte por convenio de eruditos y esnobismo pseudocultural predominante; un pulso a la historia, un revés al arte por el arte, una puesta en escena que nada tiene que ver con la contextualización histórica y artística acontecida con Duchamp y la aparición del arte conceptual, del impresionismo, y otras manifestaciones puramente artísticas; y siempre bajo la base de un desarrollo en mundo de las artes y la representación, en una lucha entre lo visual y lo representado;  entre el artista y el espectador, entre la obra de arte y el artista; entre lo figurativo y lo conceptual, entre lo real y las dos dimensiones de representación.

 Al final, lo que nos queda como seres humanos, es que el arte como en la vida, nos emocione. Ese es el reto real del arte. Que la visión de una representación, nuestra percepción, la obra en sí, e incluso lo que el artista quería decir, nos aporte algo desde el punto de las emociones. Sin olvidar que somos del tiempo y del lugar en donde estamos, y que por ende, las emociones serán más profundas y reales con estos factores incluidos en el conocimiento de la obra. Al final, un Picasso, no los puedas tener en tu casa; pero el estudio y el conocimiento de la obra en su conjunto, unido finalmente al hecho de observarla, nos dará muchas emociones que difícilmente se nos olvidarán.

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