posmodernismo

Posmodernismo

El posmodernismo parte de acontecimientos surgidos después de la Segunda Guerra Mundial, cuando cambios avasallantes en las prácticas sociales y en la circulación de discursos transformaron casi todas las maneras cotidianas de relacionarnos con los demás. En el caso específico de los procesos arquitectónicos, se podrá encontrar, partiendo de esta premisa, un punto de concurrencia dentro de las soluciones y propuestas que la arquitectura proveerá a las tendencias de las últimas décadas del siglo pasado, y constituirá el marco de referencia obligado que conforman el inicio del nuevo milenio.
El término posmodernismo o posmodernidad designa generalmente un amplio número de movimientos artísticos, culturales, literarios, arquitectónicos y filosóficos de la segunda mitad del siglo XX, definidos en diverso grado y manera por su oposición o superación del modernismo. Uno de los mayores problemas a la hora de tratar el tema de la posmodernidad y sus implicaciones resulta justamente en llegar a un concepto o definición precisa de lo que ésta representa en cada uno de los procesos a los cuales influenció.

Probablemente el primer desarrollo artístico deliberadamente posmoderno tuvo lugar en los procesos arquitectónicos que, como respuesta formal, se opusieron a la rigidez que el modernismo proponía para la resolución de las formas y espacios arquitectónicos.

Como reacción al Estilo Internacional, y de forma más genérica al movimiento moderno, apareció en la década de 1960 un movimiento filosófico y artístico que se conocerá con el nombre genérico de posmodernismo. Esta tendencia como respuesta a las contradicciones de la arquitectura moderna. Su principal característica es la apuesta por recuperar de nuevo el ingenio, del ornamento y de la referencia histórica en la arquitectura. Podemos encontrar en este movimiento una de tipo clasicista en Robert Venturi, y Philip Jonhson romper con la tradición y comenzar desde cero. Este movimiento posmoderno surge precisamente para rescatar esas virtudes, incorporándoles una manera de construir industrializada. Un retorno al pasado en las formas, no en la técnica. Precisamente la forma era el caballo de batalla. Los defensores del racionalismo afirmaban que los edificios ya no debían su forma a los modelos heredados del pasado, sino que únicamente respondían al uso al que estaban destinados: eran máquinas de habitar concebidas; según Le Corbusier, para una vida moderna, industrial y estandarizada, interpretada a través de funciones específicas. “La forma sigue a la función”, a lo que los modernistas contestaban con burla, “La forma sigue al fracaso”; las formas creadas sin una tradición que las apoye conducen a la pérdida de valor e identidad de la arquitectura.

La posmodernidad se oponía, en esencia, a la sobriedad y limpieza de las arquitecturas creadas bajo los principios modernistas que, en su afán racionalizador, habían llevado a la arquitectura a construir volúmenes fríos y carentes de interés plástico, y además carentes de toda referencia histórica. Los posmodernos contrapusieron a la premisa funcionalista menos es más, aquella otra que les dará el principio sobre el cual re-elaborarán los principios de composición y estética arquitectónica: menos es aburrido. Este principio impregnará a las tendencias contemporáneas hasta llevar a los arquitectos a reconsiderar los procesos críticos e históricos del diseño arquitectónico actual.

REFLEXION
Las personas nos vamos formando a partir de las prácticas sociales de nuestro tiempo histórico y de los discursos que circulan dando cuenta a esas prácticas e intentando contribuir a ellas. Nuestras prácticas están dominadas por las tecnologías recientes. En cambio, nuestros discursos son herencias de prácticas ya cuestionadas.
El choque entre la tecnología y los discursos heredados han producido una fragmentación en los procesos de formación de las personas y, por lo tanto, de la identificación de nosotros mismos.
Somos sujetos fragmentados, lo cual no provoca una situación de alarma, ya que del caos puede surgir el orden o, mejor dicho, un nuevo orden. La posmodernidad, creo yo, propone ese orden del caos contemporáneo, que día a día, tratamos de trascender.
La búsqueda de la verdad histórica y cultural, relejada en los procesos arquitectónicos, es parte esencial de la propuesta posmoderna que, en una época de engaño universal, propone el concepto de verdad como un acto revolucionario que vale la pena poner en valor.

JDQ2012

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