Dentro de la pared

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Ralph Erskine: The Box

Tan solo contaba con 30 años, cuando un  joven arquitecto ingles, Ralph Erskine se trasladó a vivir a la ladera de Lissma, cerca de Djupdalen (Suecia) . Llegó el invierno de 1941 con su mujer y su dos hijas recién nacidas; y en una parcela cedida por un granjero ( que también le prestó su caballo y trineo para el transporte) comenzó a construir su casa; con sus propias manos y con la ayuda de Aage Rosenvold, un danés que estaba realizando un curso de ladrillo y desde entonces se convirtió en su socio. Cogiendo piedras del lugar, ladrillos de un antiguo horno y demás materiales de desecho, como un antiguo somier de cama, a modo de armadura del hormigón; Erskine y Rosenvold empezaron a construir esta cabaña, que se conoció con el apodo de “The box”.

Dentro de la pared

Deberíamos dejar libre el centro de las piezas y formar gruesos con las paredes para instalar en ellas los servicios y los lugares de estancia de la casa.

El concepto de espacio arquitectónico en la arquitectura doméstica moderna suele estar asociado con la movilidad, con lo dinámico. Las rampas, los balcones interio­res, las grandes piezas conectadas visualmente, parecen obedecer al propósito de poner en valor la casa mediante su recorrido, mediante una promenade architectu-rale. Al movernos, en el travelling sobre la casa, todos los mecanismos exclusiva­mente visuales encuentran su razón de ser y su máximo valor. Por el contrario, estos recursos resultan irrelevantes desde el reposo, desde lo estático. Para la mayoría de las cosas que hacemos en casa, resulta más apropiado el pequeño lugar y carece de importancia el paseo arquitectónico.

 Tratar de proyectar una casa desde el punto de vista de quien va a usarla es tener en cuenta que la observación de la casa puede hacerse en reposo, desde lugares a veces extraños a las piezas. Para este extrañamiento no es necesario más que situarse en un rincón, en una hornacina o en una alcoba. Esta situación es parecida a la que se experimenta al ver un teatro, durante los entreactos de una obra, desde un palco: se goza de todo el espacio desde esta situación particular en la que el tamaño del ámbito que nos acoge contrasta con la del conjunto. Se vive en un lugar desde su límite, casi desde fuera de él, en un espacio con las dimensiones suficientes para estar.

Este parece ser el recurso empleado habitualmente por Baillie Scott. El esquema que utiliza parte de una amplia y vacía sala principal (el hall) que organiza a su alre­dedor el resto de estancias de la casa y que, análogamente, organiza en su interior las diversas actividades formando alcobas, el rincón del hogar (inglenook) o las tri­bunas (bays) y esquinas dentro de la propia sala, sin ocuparla del todo, con lo que consigue una distribución realmente más libre de las relaciones entre las piezas, una reunión en un lugar despejado de estos pequeños reductos.

 Una visión parecida del confort es la que se refleja en la arquitectura doméstica de Adolf Loos y que define el término Raumplan -organización en el espacio- una concatena­ción de estancias de diversa entidad, dispuestas en varios niveles, cada una con su propio techo, formando un pequeño rincón delante del fuego, un lugar para conversar, una hornacina para la cama o un boudoir anexo al dormitorio, y resolviendo en el “espa­cio” lo que Baillie Scott resolvía en un único nivel. El rincón del fuego del apartamento de A. Loos y su mujer Lina en Viena (1903) es un lugar que concentra, en poco espa­cio, la mayoría de enseres y gran parte del atractivo de la sala, un recurso que no es ajeno a la tradición centroeuropea y que utilizará con profusión. La casa Khuner (1930), en la campiña austríaca, es un manifiesto en este sentido. La gran sala central, un hall, está presidida precisamente por un rincón frente a la chimenea, bajo un altillo, que aloja, junto a una hornacina en el muro, una mesa y unas sillas. Los dormitorios ilustran este recurso disponiendo la cama en un nicho “fuera” del ámbito de la pieza, dotado de su propio techo y aun con unas paredes que lo cierran, conteniendo a su vez pequeñas hornacinas para depositar objetos. La tradición en el empleo de estos rincones tal vez esté relacionada con la influencia que la arquitectura otomana ejerció en aquella parte de Europa.

Aún hoy, esta práctica es habitual en el mundo árabe. La habitación se concibe como un espacio vacío, la dorkaa, que distribuye perimetralmente los ámbitos de la cama, la ventana o la alacena, y que constituye una unidad constructiva y habitable. Hassan Fathy recoge, en Construiré avec te peuple, la experiencia de la refunda­ción de un pueblo afectado por la presa de Assuán, que se levanta, con mano de obra local, a partir de estos principios.

Aunque de una manera diferente, Christopher Alexander sugiere una casa formada por gruesas paredes -thick walls-sa sobre las que los habitantes puedan ir “escarbando” hasta poder formar armarios, asientos, estanterías o lugares habitables dentro de la pared. Partiendo de otros supuestos, Yves Lion propone en su Domus Demain, un “habitat para el siglo xxf,60 un modo consciente de habitar y usar las fachadas, con­cebidas como muros dobles que concentran el equipo técnico de la casa.

Hans Scharoun retoma, en algunos de sus proyectos domésticos, la presencia de ámbitos periféricos de pequeña dimensión. Los apartamentos construidos en Charlottenburg-Nord (Berlín, 1956-1961 )61 son un magnífico ejemplo de ello. La regla seguida parece ser la misma que la descrita para Baillie Scott: se “habitan” los pequeños rincones que permiten disponer en uno de los apartamentos de un estu­dio en alcoba vinculado a la sala y un comedor prácticamente como ensancha­miento del pasillo de acceso, frente a una ventana y al lado de la cocina; mientras en otro apartamento de menor tamaño -que puede utilizarse conjunta o separada­mente del anterior- cocina y estudio son propiamente pequeñas alcobas de la habi tación única. Incluso los muebles dispuestos en estas salas se encuentran ocupan­do el perímetro, en una esquina que los alberga (como ocurre con una cama-sofá a la que se incorpora una pequeña mesa y dos sillas a la manera tradicional que pode­mos reconocer en los interiores de Heinrich Tessenow).

Precisamente, el limitado tamaño de estos ensanchamientos o alcobas es posible desde el momento en que todos ellos disponen de su propia ventana -o su terraza-y, además, tienen la constante referencia de un espacio de mayor tamaño cuyo cen­tro se encuentra desocupado. Si, en contraste, imaginamos una estancia única de la misma superficie que la suma de las anteriores, difícilmente permitiría una rique­za de actividades semejante. En otras palabras, la habitación debe considerarse, más bien, como un aglomerante de diversos ámbitos con entidad propia.

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